EL HERMANO MAYOR EN VENEZUELA

Agosto 22, 2008
Fatalmente, el hermano mayor ejecuta su estrategia de control de la sociedad de manera intolerante y sin mayor resistencia.

Los escenarios de pugna política durante diez años, no han impedido que en cada ofensiva o contraofensiva, el mandamás logre mayor intervención de las libertades de los ciudadanos.
Lo que comenzó con el control del Ejecutivo, de la Asamblea Nacional y de la estructura Judicial del país, pasando por asumir el poder del Consejo Electoral, la Contraloría, Fiscalía, Defensoría de los Derechos del Pueblo y que culminó con el dominio total de la industria petrolera y del Banco Central, no fue suficiente. El hermano mayor siente que debe mantenerse indefinidamente en el poder, pero hacerlo en un mundo que no admite más dictaduras requiere sostener una imagen democrática, y para conseguirlo debe y tiene que ganar elecciones, del modo que sea. Entonces, el control de los ciudadanos es indispensable para que voten por su color rojo. Alcanzar la hegemonía necesita, amén del control político que ya tiene, la subordinación de toda fuerza económica, social y militar.
En lo económico, el hermano mayor lanzó su “Modelo Productivo Socialista” dentro de su plan de desarrollo, con la siguiente premisa: “El Estado mantendrá el control total de las actividades productivas que sean de valor estratégico”. Así, más allá del petróleo, se estatizó la siderurgica, y la producción de hierro pasó a formar parte de los mecanismos de control. Si le agregamos la estatización de las fábricas de cemento y las canteras de distintos materiales de cimentación, el hermano mayor toma el control del casi 100 % del suministro de estos rubros claves en la industria de la construcción. Los empresarios dependen ahora del gobierno para poder edificar.
El hermano mayor maneja el 91 % de las divisas que entran al país y bajo un control de cambio confiere los dólares para las adquisiciones de insumos industriales y de las importaciones de bienes y servicios, de quien a su vez dependen los comerciantes.
También, se estatizaron empresas eléctricas, de telefonía y de internet, además de cerrar medios de comunicación de manera directa o eliminándoles las inversiones en publicidad por parte de las empresas del Estado y de otros anunciantes bajo presión, para que no puedan subsistir.
Con la compra del Banco de Venezuela del Grupo Santander se inicia el proceso de estatización y control de la banca y finanzas. Solamente le faltaría estatizar las empresas de producción y distribución de alimentos para alcanzar la absoluta omnipotencia.
En lo social, el hermano mayor controla porque es el primer empleador del país, otorga los cupos educativos, los préstamos en todos los niveles, dispone de miles de cargos ejecutivos y de gerencia para premiar a sus incondicionales y los oficialistas mismos lo dicen: “si te portas bien y votas rojo tendrás tu préstamo, tu empleo, tus dólares, tu contrato, tu comida… Si no, ¡No!”.
Todo esto sin hablar de los mecanismos de control de las fuerzas de seguridad política.
Existe un control social nunca antes visto en Venezuela en toda su historia. Hablamos del neoautoritarismo en su máxima expresión, el cual tendrán que afrontar los venezolanos si no le paran el trote al hermano mayor en las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes. Elecciones que estarán observando los militares para saber si deben o no someterse a la hegemonía roja en el campo castrense.
Vladimir Gessen.
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LA OPOSICION VENEZOLANA EN POSITIVO

Agosto 18, 2008


EL CONTRAATAQUE DE CHAVEZ

Agosto 7, 2008
Chávez comenzó una contraofensiva. Siempre mantuvo la ofensiva hasta diciembre de 2006, excepto cuando es desalojado del poder luego de su renuncia al alto mando militar tras los sucesos de abril de 2002.

A partir de enero de 2007 y de anunciar el cierre del canal 2, Chávez no dio pié con bola, perdió toda la iniciativa y fue de derrota en derrota… perdió su diatriba con Alvaro Uribe. En el incidente con el Rey de España tiró al traste su imagen internacional. Apoyando a las FARC, argumentando que no eran terroristas y que debían ser reconocidos como fuerza beligerante bolivariana, sintió la pérdida de su popularidad en Latinoamérica, así como el aislamiento diplomático en el mundo entero. En diciembre de 2007, fracasó con el referéndum de reforma constitucional, con el cual pretendía convertir a Venezuela en un estado socialista. Sin embargo, un presidente con un pensamiento absolutista y autoritario, con todo el poder político, con pleno control sobre el poder judicial, el legislativo, el electoral, el poder contralor y sobre todo con el más grande poder económico que presidente alguno haya tenido en América al sur de los Estados Unidos y, además, con deseos de gobernar perennemente, no está dispuesto a desprenderse del poder así no más, por la vía electoral.
En estas últimas semanas, Chávez que se jacta públicamente que es “bueno en la contraofensiva”, ejecutó una voltereta que dio inicio a su nueva ofensiva: Declaró que las FARC debían dejar las armas y entregar a los rehenes sin condiciones. Más tarde, estableció los parámetros para hacer las paces –por ahora- con Uribe. Se fue de gira internacional donde aprovechó para comprar más armamento en Rusia y pasó por Mallorca donde el rey de España disfrutaba sus vacaciones para procurar recuperar su maltrecha imagen internacional, encuentro por cierto muy importante para posteriormente nacionalizar el Banco de Venezuela del grupo Santander. Mientras tanto, inhabilitó políticamente a dirigentes claves de la oposición con gran arraigo popular y electoral en Venezuela, crea la milicia armada bolivariana, se autonombra comandante en jefe (general de 4 estrellas) y decreta 26 leyes inconstitucionales para hacer, por esta vía, una reforma hacia el “socialismo del siglo XXI” o neoautoritarismo. Misma reforma que hace menos de un año fue rechazada mediante el sufragio en referéndum por la mayoría del pueblo venezolano.
Hasta ahora esto es lo visible de la contraofensiva chavista, abierta en distintos frentes, pero que pareciera contener una estrategia doble: Primero lograr que la oposición se aparte de su objetivo de ganar, en las próximas elecciones de noviembre, las mas importantes gobernaciones del país, lo cual de hecho derrumbaría la ofensiva oficialista, y por otra parte, Chávez también aspira a que la oposición caiga en esta provocación, se desboque y contribuya a crear un caos social y político que le permita declarar el estado de excepción y suspender las elecciones regionales.
La oposición tendría que responder la contraofensiva en todos sus frentes pero no debe perder su estrategia: La toma del mayor número de gobernaciones y de alcaldías en las elecciones. Después sobrevendrá el reagrupamiento de fuerzas y comenzará la verdadera batalla entre los que quieren reimplantar el socialismo en el siglo XXI y quienes proyectan un sistema de libertades basado en el ejercicio pleno de los derechos humanos.
Vladimir Gessen.
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