Febrero 22, 2008
1. El Control Material: Chávez amenazó al mayor productor de alimentos de Venezuela, con “intervenirlo”, porque según él son los culpables del desabastecimiento, el cual más bien ha provocado el propio gobierno con sus disparatadas políticas económicas. Pero, ¿Qué es lo que persigue verdaderamente Chávez?
Pues, ¡Tomar el control de cada ciudadano manipulando su forma de subsistencia!
En Cuba para malvivir se requieren dos cosas, el trabajo y el “resuelve”. El trabajo lo otorga el oficialismo porque todos los medios de producción son del Estado. El rebusque de comida o de otros bienes, se permite relativamente, siempre que te portes bien con la revolución. Si te pones a inventar, pasarás hambre y penurias o peor aún, el Estado te aplicará el peso de unas leyes que solo sirven para controlar a los ciudadanos.

El socialismo del siglo 21 de Chávez también quiere controlar los empleos. Primero, tomó los cargos del Estado y todos deben mostrarse rojos-rojitos y parecer afectos al oficialismo. Luego, capturó las petroleras y “pa´fuera” los que no estén con el chavismo. Más tarde, nacionalizó la electricidad. Después la telefónica. Siempre las empresas que más generen empleo. Le faltan, las procesadoras de alimentos. Al final, serán los grandes bancos e instituciones financieras y toda industria o empresa que provean muchos trabajos. A los vendedores ambulantes, comerciantes y dueños de pequeños negocios se les controlará con los permisos. El sueño de Chávez es ser el máximo empleador para tener a todos bien controlados. El drama de las empresas es ser eficientes, crecer y emplear a mucha gente que no sea controlable. Así de simple.
2. La Manipulación de la conducta: Cuando era un niño, en la Habana, se hablaba de los aviones B-26 que habían bombardeado, de la desaparición de Camilo Cienfuegos, de la batalla en Bahía de

Cochinos, de la invasión norteamericana que de un momento a otros ocurriría, de los barcos que se observaban en el horizonte y de las ametralladoras checas de 4 cañones que se veían en las azoteas de los edificios para la defensa antiaérea. Los Castro les expusieron a los cubanos un enemigo que se concretó y que tuvo su plena expresión con el avión espía derrumbado y con la crisis de los cohetes de octubre de 1963.
Aunque los EEUU no concretaron la agresión por el acuerdo con la URSS, la dictadura cubana uso a este enemigo que en principio era real, durante medio siglo, y creó un régimen de censura, miedo y control. Todo el que se opone al régimen es un aliado del imperialismo y por tanto un traidor a la patria. O estas con el castrismo o eres enemigo.
Ahora, Chávez ha intentado repetir esta manipulación perversa y aspira crear un enemigo a

los venezolanos. Primero, uno interno, la oligarquía. Más tarde, Bush y el imperio. Luego peleó con México, Perú, entre otros, y recientemente, después de España, el enemigo era Colombia hasta que llegó la petrolera Exxon-Mobil. El problema es que ninguno de estos supuestos “enemigos” le sigue la corriente… y la gente en Venezuela tampoco. La mayoría no habla de eso, lo que sí son temas nacionales son: el desabastecimiento, las colas para conseguir comida, el alto costo de los alimentos, la inseguridad existente, el aumento del precio del transporte público y la persecución a los medios que transmiten el clamor de los ciudadanos.
Afortunadamente, Chávez en nueve años, no tiene el control… Ni siquiera de su partido, pero este será otro tema.
Vladimir Gessen
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Noviembre 14, 2007

El Rey carga en su psiquis el peso de una larga tradición y cultura europea. El es un Soberano. Aunque estemos en tiempos modernos y republicanos donde el Soberano sea el Pueblo. También, el Rey llevaba dentro de sí un mensaje que pensamos universalmente, una especie de imagen del “inconsciente colectivo” que todos repetimos desde hace una década, pero que por distintas razones, no se había hecho presente, sea por temor en Venezuela o porque en otros países prefieran evitar la diatriba con tan desmesurado personaje. Juan Carlos solamente dijo lo que todos gritamos cada vez que el presidente vocifera o habla y habla y habla, bla, bla, bla: Chávez, ¡¿Por qué no te callas?!
El primero en decirlo fue su operador político, quien llegó a ser vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, cuando le advirtió públicamente que “el pez muere por la boca”.
Ahora le tocó a Juan Carlos. Quizás se sintió Rey en pleno, y pensaría: “Si no lo hago yo, quien lo haría”. Tal vez, su probado apego a la vida democrática y sus credenciales como mediador y diplomático universal le hicieron sentir invulnerable ante los seguros ataques y verborrea a la que acudiría el presidente venezolano. Lo cierto es que dio el paso y dijo lo que millones: Chávez, ¡Cállate!… Y Chávez, como quiera que lo quiera justificar, se calló. A lo mejor su formación castrense le obligó a acatar al Capitán General que es el rango del rey en términos militares, o acaso se desconcertó porque nadie antes lo había hecho. Pero la verdad, todos la vimos, interrumpiendo el cruce de miradas y palabras entre Chávez y Zapatero, Juan Carlos se lo dijo, frente a frente, ¡Cállate! y… se calló. Así de simple. No puede decir ahora que no lo vio o no lo oyó porque su mentira queda al desnudo.
Las consideraciones posteriores son diversas. Es igualmente verdad que un jefe de estado no puede mandar callar a otro. Es verdad que Chávez no dejaba hacer uso de su palabra a Zapatero y son verdades algunas de las consideraciones políticas del presidente venezolano. Existe un imaginario en América Latina que pesa sobre los seres que la habitamos como es el que los culpables de las desgracias de Latinoamérica son en el presente los Estados Unidos y anteriormente el Imperio español. Es una forma de eludir la propia responsabilidad de los pésimos gobernantes que hemos tenido, quienes por cierto han escrito nuestra historia. Sin embargo, hay también una verdad que no se extinguirá ahora, cada vez que Chávez insista en su charlatanería posiblemente cientos de millones en Hispanoamérica y en el Mundo coreen mentalmente e “in crescendo” un nuevo rótulo mítico: ¡Por qué no te callas!
Vladimir Gessen
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