LOS DOS “YO” DEL COMANDANTE

En los últimos días hemos visto con asombro al otro Hugo Chávez. Ha regresado el personaje del amor, de la paz y la concordia. Nuevamente se oculta el comandante de la guerra, del odio y la desunión.

¿Puede el presidente tener dos personalidades contrapuestas? Un día, el Chávez autoritario apoya públicamente y estimula a “seguir adelante” a guerrillas clasificadas como terroristas; también decreta una ley que convierte en delatores a los ciudadanos como lo hiciera Hitler. Días mas tarde, proclama que las FARC deben entregar a todos los rehenes y deponer sus armas porque ese camino ya no funciona en el siglo XXI, y deroga por inconstitucional y “ser un desastre” la ley espía de soplones y chivatos que firmó horas antes.
Un día mueve batallones y amenaza con la guerra al presidente Uribe para ir horas después a la Cumbre de Río y darle un abrazo al presidente colombiano.
¿Cómo es esto posible? Lo primero es descartar que se trate de un Trastorno Bipolar, el cual presenta cambios de estado de ánimo. El bipolar pasa de la tristeza o depresión, a la alegría y la euforia de forma ciclotímica, lo cual no es el caso. Tampoco se trata del Trastorno de Identidad Disociativo o de Personalidad Múltiple, o de doble personalidad como se le conoce popularmente gracias a la novela “El extraño caso del Dr. Jekyll y el señor Hyde”, porque las distintas “personalidades” no se reconocen entre ellas.
El problema es que en la compleja naturaleza de Hugo Chávez cohabitan dos proyectos, dos tendencias, dos formaciones y una enorme contradicción entre lo que le dictan sus emociones y su racionalidad. Es un hombre de inquietudes intelectuales, autor de cuentos, poesías y de una obra teatral. Le gustan la música, las artes plásticas y pinta. Es un hombre que aprendió a amar de niño, y de adolescente a cantar y a jugar pelota… Pero del béisbol paso a la milicia y el Ejército le prestó su idiosincrasia. Aprendió como soldado dos valores militares: El orden y la disciplina. Es un hombre que se educa estructurado. Su instrucción es vertical, rígida, severa, muchas veces intransigente y conservadora. No obstante, su espíritu lo guían sus enseñanzas cristianas. Se identifica con Nelson Mandela y con Mahatma Gandhi de joven, y posteriormente con el Che y Fidel. De allí su ambivalencia entre la guerra y la paz. Emocionalmente es de izquierda.
Existe una esperanza puesta en él para unos y es una tragedia para otros porque refleja dos polos, uno idealizado, visto como el hombre del cambio, el salvador, y por otro, el violento, autoritario o subversivo.
En el presidente conviven los dos “Yo” de Chávez. El Pueblo le ha demostrado a quién de ellos desea. En la última campaña presidencial triunfó el “Yo” del amor y su mensaje de “Amor con amor se paga” y el gran revés en el referéndum pro reelección, lo sufrió el “Yo” neocomunista, divisionista, mandón y abusivo. La mayoría de los ciudadanos ha expresado que rechazan al “Yo” que pregona el odio social y la lucha de clases y que acompañarían al “Yo” bolivariano sensible y de principios cristianos. Ante este refuerzo positivo al “Yo” de la paz y el refuerzo negativo al “Yo” de la guerra, Chávez debería extinguir al “Yo” violento.
Advertencia: No olvidemos que en la educación militar se aprende a desinformar, engañar y a ejecutar operaciones de cualquier índole para derrotar al adversario… sobre todo en tiempos electorales.

Vladimir Gessen.
(Si desea expresar su opinión o que le enviemos nuestros artículos e informaciones a su email, por favor escríbanos a vladimirgessen@gmail.com)

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